Parroquia Santo Tomás de Villanueva

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Actualidad

17-11-2019

Reflexión parael Penúltimo Domingo del Tiempo Ordinario

1.-- Personas esperanzadas y esperanzadoras. La palabra de Dios nos habla del final de los tiempos con una literatura apocalíptica, que no hay que entender al pie de la letra. Tanto el evangelio como la primera lectura del profeta Malaquías nos hablan de catástrofe, enfrentamientos, divisiones, guerra y destrucción. Sin embargo, lo importante es el mensaje final en ambas lecturas: "iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas", "ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". Es un mensaje de esperanza, el juicio será para la salvación, no para la condenación. Ya está demasiado lleno el mundo de agoreros, el cristiano tiene que ser portador de esperanza y perseverar confiando, siempre en el Señor. Y mientras tanto, no quedarse con los brazos cruzados, esperando el fin del mundo como les ocurría a los fieles de la iglesia de Tesalónica. Pablo les insta a trabajar para ganarse el pan de cada día. Es así como Dios nos quiere, como personas esperanzadas y esperanzadoras, consciente de su misión de transformar este mundo hasta convertirlo en el auténtico Reino de Dios.

2.-- "En espíritu y en verdad". Para los judíos del tiempo de Jesús el Templo de Jerusalén representaba la seguridad. Con tal de cumplir las leyes y acudir al Templo se "justificaban" ante Dios. Era para ellos el fundamento de su práctica religiosa. Jesús se atreve a decir que no quedará de él piedra sobre piedra. Cuando Lucas escribe su evangelio ya se ha producido la destrucción del Templo de Jerusalén. Fue el emperador Tito quien ordenó que fuera arrasado en el año 70. Por tanto, lo que se narra como algo apocalíptico, como algo que va a suceder, en realidad ya se ha producido. Pero lo importante es la enseñanza que quiere dar el evangelista. El Templo no es lo importante, tampoco el mero cumplimiento de la ley, pues Jesús predicó que no es Jerusalén ni en Garizín donde debemos dar culto a Dios, sino "en espíritu y en verdad". En nuestra religión cristiana también nos hemos montado "otros templos", otras normas que nos "aseguran la salvación". Es más fácil pedir que te digan qué es lo que tienes que cumplir y asegurar así la salvación, que identificarse con Cristo, dejar que Él te transforme y estar dispuesto a seguirle con todas las consecuencias. Lo primero no cuestiona tu vida, lo segundo transforma tu vida y te convierte en hombre nuevo. La fe es una aventura arriesgada y emocionante, no es un cumplimiento cómodo y seguro de normas sin implicación de tu persona.

3- ¿Cuál es la clave de tu vida cristiana? En clave "religiosa" se llega a la religión por tradición o herencia; en clave de "fe", se llega por decisión personal y libre. La religión puede convertirse en una forma de pensar que acomodo a mi vida, o bien es una forma de vivir que me compromete. En clave religiosa la referencia soy yo y mis necesidades; en clave de fe la referencia es Jesús y estoy dispuesto a hacer su voluntad. Las verdades pueden convertirse en simples doctrinas que hay que saber, sin embargo para el seguidor de Jesús la única verdad es Jesús y la escucha de su Palabra. Puedo ser un cristiano que considera el culto como un conjunto de ritos a los que hay que asistir, o por el contrario para mí el culto es la celebración gozosa de la experiencia de Jesús en mi vida. Puedo considerar la Ley como un conjunto de normas que hay que cumplir, o darme cuenta de que la auténtica Ley del cristiano es vivir en el amor. La Iglesia puede ser para mí una institución jurídica, o más bien una comunidad de hermanos. ¿Es para ti la fe un seguro de vida, o es un regalo, un don gratuito de Dios que celebras con entusiasmo? Pregúntate: ¿en qué clave se sitúa tu vida cristiana, en la "religiosa", o en la de la "fe"?

16-11-2019

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

En clave "religiosa" se llega a la religión por tradición o herencia; en clave de "fe", se llega por decisión personal y libre. La religión puede convertirse en una forma de pensar que acomodo a mi vida, o bien es una forma de vivir que me compromete. En clave religiosa la referencia soy yo y mis necesidades; en clave de fe la referencia es Jesús y estoy dispuesto a hacer su voluntad. Las verdades pueden convertirse en simples doctrinas que hay que saber, sin embargo para el seguidor de Jesús la única verdad es Jesús y la escucha de su Palabra. Puedo ser un cristiano que considera el culto como un conjunto de ritos a los que hay que asistir, o por el contrario para mí el culto es la celebración gozosa de la experiencia de Jesús en mi vida. Puedo considerar la Ley como un conjunto de normas que hay que cumplir, o darme cuenta de que la auténtica Ley del cristiano es vivir en el amor. La Iglesia puede ser para mí una institución jurídica, o más bien una comunidad de hermanos. ¿Es para ti la fe un seguro de vida, o es un regalo, un don gratuito de Dios que celebras con entusiasmo? Pregúntate: ¿en qué clave se sitúa tu vida cristiana, en la "religiosa", o en la de la "fe"?

08-11-2019

REFLEXIÓN PARA EL DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO.


Jesús explicó a los saduceos que en la vida presente morimos, pero los hijos de Dios van a resucitar y vivir como los ángeles. La respuesta de Jesús sigue dos caminos. Por un lado, no acepta que el estado del hombre resucitado sea un calco del estado presente. Tener muchos hijos en Palestina era una bendición del cielo; morir sin hijos, la mayor de las desgracias, el peor de los castigos celestiales... Para evitar esto último, el Deuteronomio prescribía lo siguiente: "si dos hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin hijos, la viuda no saldrá de casa para casarse con un extraño; su cuñado se casará con ella y cumplirá con ella los deberes legales de cuñado; el primogénito que nazca continuará el nombre del hermano muerto, y así no se extinguirá su nombre en Israel". Es la conocida ley del "levirato" La procreación es necesaria en este mundo, a fin de que la creación vaya tomando conciencia, a través de la multiplicación de la raza humana, de las inmensas posibilidades que lleva en su seno: es el momento de la individualización, con nombre y apellido, de los que han de construir el Reino de Dios. Superada la muerte, no será necesario asegurar la continuidad de la especie humana mediante la procreación. Las relaciones humanas serán elevadas a un nivel distinto, propio de ángeles (serán como ángeles), en el que dejarán de tener vigencia las limitaciones inherentes a la creación presente. No se trata, por tanto, de un estado parecido a seres extraterrestres o galácticos, sino a una condición nueva, la del espíritu, imposible de enmarcar dentro de las coordenadas de espacio y de tiempo. Por haber nacido de la resurrección, serán hijos de Dios. Por otro lado, Jesús termina su respuesta con un argumento que debió de dejar aún más desconcertados a los saduceos: "que resucitan los muertos lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob". Dios no lo es de muertos, sino de vivos; es decir, para El todos ellos están vivos". Reina la esperanza en nosotros, la muerte no tiene la última palabra.

01-11-2019

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO XXXI TIEMPO ORDINARIO

Zaqueo buscaba algo diferente que llenase su vida. Otra vez un publicano, en este caso con un nombre concreto, Zaqueo. Ahora no se trata de una parábola, sino de un personaje real que busca encontrarse con alguien que llene su vacío existencial. Ha oído hablar de Jesús, quiere verle en persona y no vacila en subirse a un sicómoro o higuera porque era bajo de estatura. Podemos suponer el ridículo que supondría para un personaje público el subirse a un árbol. Los publicanos se habían enriquecido a costa del pueblo oprimido por los impuestos romanos, de los cuales eran recaudadores. A los ojos del pueblo eran ladrones y al mismo tiempo traidores. Sin duda, eran personajes odiados por todos, pecadores públicos. La gente le impedía ver a Jesús, en venganza por la injusticia en la que Zaqueo colaboraba. El subirse a lo alto de una higuera refleja el primer proceso de la conversión, es similar al "se puso en camino" del hijo pródigo. Para salir del fango hay que querer salir y hacer algo, sea dar un paso o subirse a un árbol. La mirada de Jesús. Me imagino lo que pudo impresionar a Zaqueo la mirada de Jesús. Le miró con cariño, como un padre o una madre miran a su hijo rebelde. Así es Dios con nosotros, clemente, misericordioso, rico en piedad, bueno con todos, cariñoso con todas sus criaturas (Salmo 144). Dios reprende con amor, poco a poco, dando a cada uno su tiempo para que se corrija y vuelva al buen camino. Porque, como dice la lectura del Libro de la Sabiduría, Dios es "amigo de la vida" y "a todos perdona porque son suyos". ¡Cuánto bien hace el Señor!

27-10-2019

REFLEXIÓN PARA EL DOMINGO 27 DE OCTUBRE

1.- El soberbio que no reconoce su pecado. Dos personajes, dos actitudes, dos formas de entender la relación con Dios. El fariseo se creía santo, por eso se sentía "separado" de otro, el publicano. El afán de piedad y de santidad llevó a muchos a separarse de los demás, eran los "parushim" --en hebreo significa separado--. Cifraban la santidad en el cumplimiento de la ley tal como prescribía el Levítico. Ponían todo su empeño en la recitación diaria de oraciones, ayunos y la práctica de la caridad. Se sentían satisfechos por lo que eran y por lo que les diferenciaba de los demás. Estaban convencidos de que así obtenían el favor de Dios. Sin embargo, aquél que se creía cerca de Dios, en realidad estaba lejos. ¿Por qué? Porque le faltaba lo más esencial: el amor. Así lo reconoció después Pablo, que fue fariseo antes de su encuentro con Cristo: "si no tengo amor, no soy nada". Aunque alguien repartiera en limosna todo lo que tiene y hasta se dejara quemar vivo, si le falta el amor, no vale de nada. El fariseo dice "Te doy gracias". San Agustín se pregunta dónde está su pecado y obtiene la respuesta: "en su soberbia, en que despreciaba a los demás"

2.- El pecador que pide perdón con humildad. El otro personaje, el publicano, era un recaudador de impuestos odiado por todos. Se quedó atrás, no se atrevía a entrar. Pero Dios no estaba lejos de él, sino cerca. No da gracias, sino que pide perdón. No se atrevía a levantar los ojos a Dios, porque se miraba a sí mismo y reconocía su miseria, pero confía en la misericordia de Dios. Una vez más Dios está en la miseria del hombre, para levantarle de la misma. El publicano tenía lo que le faltaba al fariseo: amor. No puede curarse quien no es capaz de descubrir sus heridas. El publicano se examinaba a sí mismo y descubría su enfermedad. Quiere curarse, por eso acude al único médico que puede vendarle y curarle tras aplicarle el medicamento: su gracia sanadora.

3.- El que se humilla es enaltecido. No se trata aquí de caer en el maniqueísmo: hombre malo, hombre bueno. El fariseo era pecador y no lo reconocía, el publicano también era pecador, pero lo reconocía y quería cambiar. El fariseo se siente ya contento con lo que hace, se siente salvado con cumplir, pero esto no es suficiente. En el Salmo proclamamos que Dios está cerca de los atribulados. En realidad está cerca de todos, pero sólo puede entrar en aquellos que le invocan, porque El escucha siempre al afligido. Este es justificado y el fariseo no. Pablo en la carta a los Romanos emplea también el término "justificación". Justificar es declarar justo a alguien y sólo Dios puede hacerlo, no uno mismo. No es un mérito que se pueda exigir, sino un don gratuito de Dios. La conclusión de la parábola es bien clara: "el que se exalta será humillado y el que se humilla será enaltecido".

4.- Examinemos nuestro comportamiento como cristianos. ¿No somos muchas veces como el fariseo creyéndonos en la exclusiva de la salvación porque "cumplimos" nuestros deberes religiosos? Incluso despreciamos a los demás o les tachamos de herejes o depravados. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar? Sólo Dios puede justificar. Además la fe cristiana no consiste sólo en un cumplimiento de devociones, sino en encontrarnos con Jesucristo resucitado y dejar que su amor vivificante transforme nuestra vida. Entonces nos daremos cuenta de que hay amor en nuestra vida.

26-10-2019

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO

El que se humilla es enaltecido. No se trata aquí de caer en el maniqueísmo: hombre malo, hombre bueno. El fariseo era pecador y no lo reconocía, el publicano también era pecador, pero lo reconocía y quería cambiar. El fariseo se siente ya contento con lo que hace, se siente salvado con cumplir, pero esto no es suficiente. En el Salmo proclamamos que Dios está cerca de los atribulados. En realidad está cerca de todos, pero sólo puede entrar en aquellos que le invocan, porque El escucha siempre al afligido. Este es justificado y el fariseo no. Pablo en la carta a los Romanos emplea también el término "justificación". Justificar es declarar justo a alguien y sólo Dios puede hacerlo, no uno mismo. No es un mérito que se pueda exigir, sino un don gratuito de Dios. La conclusión de la parábola es bien clara: "el que se exalta será humillado y el que se humilla será enaltecido". ¿No somos muchas veces como el fariseo creyéndonos en la exclusiva de la salvación porque "cumplimos" nuestros deberes religiosos? Incluso despreciamos a los demás o les tachamos de herejes o depravados. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar? Sólo Dios puede justificar. Además la fe cristiana no consiste sólo en un cumplimiento de devociones, sino en encontrarnos con Jesucristo resucitado y dejar que su amor vivificante transforme nuestra vida. Entonces nos daremos cuenta de que hay amor en nuestra vida

19-10-2019

HOMILÍA DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

 

HOMILIA, DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Celebramos la Eucaristía en este domingo 29 del Tiempo Ordinario, Jornada mundial de la Propagación de la fe. DOMUND. Hoy es un día para reafirmar nuestra fe en Cristo Jesús muerto y resucitado por nosotros.

El Lema de este año:  Bautizados y enviados, nos sitúa en la dinámica de nuestra vocación y consagración bautismal. El Señor nos ha elegido para que anunciemos su nombre y demos testimonio de nuestra fe  a tiempo y a destiempo.

Hoy es necesaria la Evangelización. Necesitamos evangelizar nuestros ambientes cotidianos, nuestras familias, nuestros lugares de ocio y diversión, y tal vez necesitemos dejarnos interpelar personalmente por la llamada personal que Cristo hace de cada uno de nosotros.

El DOMUND no consiste en una limosna o colecta que  hacemos una vez al año, y que suele ser muy generosa. El DOMUND es algo más, es la conciencia clara que Cristo me envía a er testigo de su amor en un ambiente cada vez más ateo y descristianizo.

Y podríamos preguntarnos: ¿Cómo doy testimonio de mi fe?; ¿Qué hago para anunciar el Evangelio de Jesucristo. Es urgente, muy urgente la tarea de la Evangelización, porque si no lo hacemos  nuestro pecado será el de la cobardía, la dejadez, el abandono y la pereza.

Dios aborrece a los que no somos ni calientes ni fríos, es decir a quienes hacemos de nuestra vida cristiana un compromiso muchas veces adulterado y que no supone apenas riesgos. El Señor nos está pidiendo en esta jornada mucho más.  Abranos nuestro corazón a su Espíritu para que El nos transforme.

El Evangelio nos dice que es necesario pedir con confianza. Si el domingo pasado Jesús nos recordaba que tenemos que dar gracias en nuestra oración por los dones que Dios nos regala, hoy nos recuerda que también es bueno pedir. La verdad es que no hace falta que nos recuerde que pidamos, pues es lo que hacemos habitualmente, más difícil nos resulta dar gracias. Sin embargo, también es bueno pedir, por eso Jesús cuenta la parábola del juez inicuo para explicar cómo tenemos que orar siempre sin desanimarnos. Al pedir reconocemos nuestra limitación y ponemos nuestra confianza en Dios.

Como dice San Agustín "la fe es la fuente de la oración, no puede fluir el río cuando se seca el manantial del agua". Es decir, quien pide es porque cree y confía. Pero, al mismo tiempo la oración alimenta nuestra fe, por eso le pedimos a Dios que "ayude nuestra incredulidad".

Pidamos al Señor en este domingo fuerza y coraje para anunciar la fe, la que nace de la Pascua. La que transforma el corazón de todos aquellos que se  abrazan a Cristo y le aman de verdad.

 

Fr. Angel Antonio García

13-10-2019

REFLEXIÓN PARA EL DOMINGO 13 DE OCTUBRE

1.- "¿Qué tienes que no hayas recibido gratis?". En esta sociedad pragmática en la que nos ha tocado vivir se valora a la persona sólo por lo que tiene: "tanto tienes, tanto vales". Y además, se supone, que todo lo que tienes lo has conseguido por méritos propios, gracias al esfuerzo que has puesto. Parece que "todo nos es debido". No se valora una cosa hasta que la perdemos, ocurre con la salud y con otros bienes a los que "tenemos derecho". Esto puede observarse en ciertas actitudes de los niños y jóvenes con respecto a sus padres. Es la cultura de la "exigencia". Hemos perdido el sentido de la gratitud, del agradecimiento. A nivel de nuestra práctica religiosa es más frecuente pedir que dar gracias. Cuando estamos en apuros solemos "aplicar misas", pero ¡cuánto trabajo nos cuesta agradecer la ayuda que recibimos! Sin embargo, de "bien nacidos es ser agradecidos". Todo lo hemos recibido gratis: la fe, la salud, la vida, los padres, el amor.

Recuperemos la actitud de agradecimiento. No olvidemos que Eucaristía significa "buena gracia", acción de gracias. Por eso nos reunimos todos los domingos, para agradecer a Dios el don de nuestra fe. A Él le debemos, como dice San Agustín "la existencia, la vida y la inteligencia; a Él le debemos el ser hombres, el haber vivido bien y el haber entendido con gratitud. Nuestro no es nada, a no ser el pecado que poseemos. Pues ¿qué tienes que no hayas recibido? ". El santo obispo de Hipona recomienda curarnos de la enfermedad de la altivez y de la ingratitud y elevar nuestro corazón purificado de la vaciedad y dar gracias a Dios.

2.- "El Señor revela a las naciones su salvación". Naamán, el general sirio, aprendió el significado de la humildad cuando tuvo que obedecer al criado del profeta y bañarse siete veces en el río Jordán, excluyendo a todos los ríos de su tierra. Naamán reconoce que la curación se debe a Dios. El milagro no es su curación, sino la doble confesión de fe de Naamán. Reconoce la gracia y la fuerza curativa del Dios de Israel. "Reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel". La petición de una carga de tierra refleja la sinceridad de su conversión. Responde a la mentalidad de que una divinidad sólo puede ser adorada en la tierra en la que se ha manifestado, y a la convicción de que una tierra donde se practica el culto idolátrico queda profanada. El texto del Libro Segundo de los Reyes enseña que la salvación es para todos los hombres sin distinción de raza, lengua o religión como proclama el salmo 97, "el Señor revela a las naciones su salvación".

3.- Ser agradecidos. De los diez leprosos curado por Jesús, solo uno vuelve a darle gracias. Los otros nueve siguen anclados en la servidumbre del cumplimiento de la Ley. Vuelven al templo a cumplir las prescripciones rituales. Sólo uno, precisamente un extranjero samaritano, se da cuenta de la grandeza de su curación y vuelve para dar gracias a Jesús. Se produce entonces el milagro: el encuentro con Jesús y su transformación en persona nueva. Sólo este se vio plenamente renovado, pues "su fe le había salvado". Recuerdas cuando de niño tus padres te decían después de recibir un regalo "¿Cómo se dice?". Y tú contestabas con una sonrisa y un beso: "GRACIAS". Sé agradecido, reconoce todo lo que has recibido gratis ý sé generoso sin esperar nada a cambio. El Papa Francisco cuenta que una vez una anciana le dijo que “la gratitud es una flor que florece en tierra noble”. El que sabe agradecer vive otros muchos valores.

05-10-2019

REFLEXIÓN PARA EL DOMINGO 6 DE OCTUBRE

"El justo vivirá por la fe". La profecía de Habacuc plantea el eterno problema del sentido del mal en el mundo. Es el grito desesperado: "¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? El profeta contempla y sufre desgracias, trabajos, violencias, catástrofes, luchas y contiendas. ¿Dónde está Dios?, ¿Hay noticias suyas?, ¿Qué hemos de responder ante estos interrogantes? Dios es quien da la única respuesta posible: "El justo vivirá por la fe". Es la fe el don de Dios que Timoteo debe reavivar según Pablo. Creer es confiar es fiarse de Alguien, Jesús de Nazaret, que no puede defraudarte porque es garante de salvación. Recuerdo la famosa parábola brasileña de la huella en la arena. En los momentos felices hay dos pares de pisadas, pero cuando peor lo estaba pasando el protagonista sólo había un par: era la huella de Dios que te llevaba sobre sus brazos cuando tus fuerzas habían decaído.

2.- Una fe que no es comprometida no es auténtica. Es la hora urgente de ser consecuentes con las exigencias de nuestra fe. Lo recuerda Pablo en la Carta a Timoteo. No tenemos que tener miedo a dar razón de nuestra fe y dar la cara en los duros trabajos del evangelio. Quizá las situaciones difíciles y duras que se nos avecinan sean un acicate y una oportunidad para despertar nuestra fe adormecida. Cuando todo va bien políticamente decae el compromiso y la autenticidad. No vale lamentarse, tampoco sirve emprender una cruzada para recristianizar. Lo que hay que hacer es ser coherentes con nuestra fe. Entonces seremos fermentos en medio de la masa. Más claro no lo puede decir San Pablo a Timoteo: "no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor", "toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios", "vive con fe y amor en Cristo Jesús". "guarda este precioso depósito". Lo que nunca nos va a faltar es la ayuda del Espíritu Santo, "que habita en nosotros". Y todo ello realizado con humildad, pues podremos decir "que hemos hecho lo que teníamos que hacer".

3.- Fe es adhesión personal a Jesucristo. Con ella superaremos todo. Es lo que nos enseña el Evangelio de hoy y lo que nos dice la Madre Teresa de Calcuta en una preciosa oración: "¿La fuerza más potente del mundo?: La fe". El que tiene fe consigue el objetivo que se propone. Un pesimista no vale para trabajar en el Reino de Dios. Con la fe todo es posible, hasta arrancar moreras y plantarla en el mar. Que los tiempos son difíciles, lo sabemos. Pero tenemos que estar convencidos de que merece la pena seguir luchando por la implantación de la civilización del amor. Aunque pasemos penalidades nos daremos cuenta de que es posible un mundo nuevo si yo experimento la fuerza de saberme amado por Dios y transmito esta misma certeza a los que me rodean. Debemos vivir desde la fe en Jesucristo, no desde una vivencia puramente sociológica de la religión. En el nivel religioso representa una necesidad sicológica del hombre y el nivel de fe una adhesión incondicional a una persona. El nivel religioso busca un esquema de verdades que proporcionen una seguridad o tranquilidad al individuo, y el nivel de fe busca una vivencia espontánea y sin miedo al riesgo. El nivel religioso prefiere los mandamientos como programa, y el nivel de fe escoge las bienaventuranzas. El nivel religioso tiene por meta los actos de culto y para el nivel de fe la meta es la militancia comprometida. El nivel religioso representa el mantenimiento de la cultura establecida, y el nivel de fe representa la conciencia crítica de cualquier cultura. El nivel religioso se aproxima a la denominación actual de "cristiano-católico", y el nivel de fe a la de "cristiano-creyente".


29-09-2019

Reflexión para el Domingo 29 de septiembre

1.- No hay caridad sin justicia. San Pablo en la Primera Carta a Timoteo anima a la práctica de varias virtudes: la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Es curioso, pero la primera de todas es la justicia. No hay caridad (amor) sin justicia, la piedad desligada de la justicia puede ser falsa, la fe que no se traduce en obras está muerta, la paciencia y la delicadeza no son enemigas de la denuncia y del compromiso solidario con los oprimidos. La parábola llamada del "Rico Epulón y el pobre Lázaro" es propia de Lucas. Junto a la llamada del "Hijo Pródigo" constituyen la base de la teología de lucana. Si la parábola del "Hijo Pródigo" pone su acento en la misericordia de Dios, la de este domingo señala la justicia de Dios, derivada de su misericordia. En realidad, el rico en la parábola no tiene nombre, el pobre sí: Lázaro. Quizá es una forma de manifestar que el más importante no es siempre el que se piensa, pues Dios hace una opción por aquél que lo está pasando mal. El rico no se daba cuenta del sufrimiento de Lázaro aquí abajo. Sin embargo, lo reconoce en la estancia de los muertos. ¿Es necesario que las cosas vayan mal para que nos demos cuenta de nuestra ceguera con respecto a nuestro prójimo sufriente?

2.- ¿Qué hacemos nosotros? En las dos ocasiones que el evangelio habla del juicio final se hace alusión a nuestro comportamiento con el prójimo, no a nuestro cumplimiento de la ley. ¿Cómo podríamos hacer una adaptación actual de la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro? Puede ser ésta: En un país de África, en una zona devastada por la guerra y la sequía, vivía un pobre hombre que se moría de sed y de hambre. Su aspecto escuálido apareció un día en el telediario. Era una imagen desagradable que "estropeaba" la opípara comida que cada día disfrutaba la familia. Tras las imágenes de la orgía disoluta de la "gente del corazón", parecía de mal gusto que las agencias internacionales sirvieran esta escena. Nadie sabía dónde estaba exactamente ese país, pues África es un continente desconocido para la gran masa. Y ya se sabe... lo que no sale en los medios de comunicación, no existe. Pero ese día la noticia produjo un escalofrío en todos los miembros de la familia. Pero duró sólo un instante, pues a continuación entraba el presentador de la sección de deportes comentando la catástrofe que estaba ocasionado en el club más laureado del siglo XX el mal juego exhibido por el equipo.

Durante más de diez minutos esta noticia y sus comentarios correspondientes ocupó la pantalla del televisor. La otra imagen, la del pobre desnutrido, pronto se borró de la memoria de toda la familia. No se volvió a saber nada de aquél hombre, pero la realidad es que murió unas horas después. Muchas familias lo vieron, pero sólo alguna reaccionó. ¿Qué les dirá nuestro Padre del cielo cuando lleguen a las moradas eternas? ¿Qué justificación a su indolencia podrán aducir todos aquellos que vieron el telediario? Seguro que el Padre abriría las puertas de su mansión a aquel pobre hombre hambriento.

3.- Luchar contra la injusticia y la desigualdad. La parábola no invita a la pasividad, pues al fin y al cabo algunos dirán que el hombre hambriento será acogido por el Padre. Las lecturas denuncian la desigualdad y el injusto reparto de las riquezas que es mayor cada día. ¿Cómo puede justificarse que el 1 % de la población rica posee más que el 57 % restante, o que las 358 personas más ricas del mundo disfruten de una renta superior a 2.600 millones de personas. Los bienes de la tierra están mal repartidos y esto es una injusticia sangrante. Dios quiso el destino universal de los bienes, que han sido creados por Dios para que puedan disfrutarlos todos los hombres. Si en alguna parte del mundo hay hambre, entonces nuestra celebración de la Eucaristía queda de algún modo incompleta en todas partes del mundo. En la Eucaristía recibimos a Cristo hambriento en el mundo. Él no viene a nosotros solo, sino con los pobres, los oprimidos, los que mueren de hambre en la tierra. Por medio de Él estos hombres vienen a nosotros en busca de ayuda, de justicia, de amor expresado en obras. Como señaló en cierta ocasión el P. Arrupe, no podemos recibir dignamente el pan de Vida si al mismo tiempo no damos pan para que vivan aquellos que lo necesitan, sean quienes sean y estén donde estén. Porque el mundo es, hoy día, una aldea global en la que todos somos conciudadanos. ¿A qué me comprometo yo cuando recibo la Sagrada Comunión? Es una pregunta exigente y vital. Y también apremiante…. Quiera Cristo, a quien recibimos, dar a cada uno de nosotros la valentía para no rehusar este don de nosotros mismos, no echarnos atrás ante él, no ponerle límites. Ojalá seamos nosotros tan generosos con él, como Él lo es con nosotros.

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